Elisa tenía 3 años cuando su papá, Alberto, tomó un trabajo en una zona muy alejada de la casa. El señor salía de madrugada y cuando llegaba, Elisa ya estaba dormida. Se veían solo los domingos.
Alberto le dijo que cuando viera que estaba tapada con un
chal verde, era porque él le había dado la bendición dormida. Cada noche, Elisa
veía el chal colgado en el closet y en la mañana estaba tapada con él, así que
se tocaba la frente sabiendo que su papá le había dado un beso al llegar.
Cuando Elisa comenzó a leer y a escribir en la escuela,
quiso escribirle una carta a su papá. Se empeñó a pesar de que sabía apenas
unas letras, pero escribió “papá” bien grande. Poco a poco fue agregando más
palabras, hasta que por fin escribió una carta.
Alberto la consiguió sobre la mesa de noche y se la llevó.
La noche siguiente él le dejó la respuesta. De esa manera comenzó un
intercambio epistolar que se prolongó por muchos años.
Elisa le contaba todo lo que pasaba en la escuela, los
juegos con sus primos, lo que le gustaba comer y lo que no.
Alberto le describía paisajes a su hija, él trabajaba en una
zona rural muy apartada, había un río, montañas y animales salvajes. Él le daba
descripciones detalladas de todo: los colores del amanecer, la bruma sobre los
picos, las flores, el río…
Elisa comenzó a dibujar lo que Alberto le escribía y le
dejaba los dibujos en su mesa de noche.
Alberto comenzó a darle más detalles y a observar mejor cada
paisaje, para que ella dibujara con mayor exactitud.
Elisa adquirió mucha habilidad con el dibujo, tal vez por
hacer uno diario, o por la motivación de enseñárselos a su papá.
Un día, Alberto estaba en la casa, salió al patio y se detuvo
entre 2 árboles. Al mirar hacia arriba, observó un gato blanco en una de las
ramas, a través de las hojas se veían las estrellas, y el follaje le daba un
marco a la imagen del gato, que parecía una luna de lo enroscado que estaba. Él
le contó a Elisa en una de las cartas y ella hizo el dibujo respectivo. Tituló
el dibujo: Luna llena.
Elisa ganó un concurso con ese dibujo y obtuvo una beca para
estudiar ilustración, con el tiempo hizo de eso su profesión y tuvo mucho
éxito.
Años después, Alberto ya no trabajaba y Elisa vivía en otro
país. Llegó el correo y Elisa estaba asombrada y encantada de que era una carta
de su papá, la emoción no la dejaba abrir el sobre y cuando por fin lo hizo
estaba muy preocupada. Llamó a su mamá.
-Mamá, acabo de recibir una carta de mi papá, pero esta no
es su letra. ¿O es que le pasó algo, le pasó algo neurológico que le puso la
letra infantil? Dime, por favor.
-No hija, a tu papá no le ha pasado nada. No le vayas a
decir lo de la letra que se moriría de vergüenza.
-Mamá, pero es que mi papá tenía una letra hermosa…
-¿Tu supiste del amigo de tu papá que trabajaba con él y
falleció hace unos meses?.
-Sí mamá, pero ¿qué tiene que ver eso?
-Él era quien escribía todo lo de tu papá, incluyendo tus
cartas. Tu papá era analfabeto, hija. Está aprendiendo a leer y escribir, como
tú cuando empezaste a escribirle.